Introducción
En un contexto marcado por profundos cambios en las formas de producir, distribuir y construir conocimiento, es interesante para los investigadores bucear sobre las nuevas formas que asume la comunicación digital.
Scolari (2015) se refiere a la “ecología de los medios” como un campo teórico fundamental para comprender las transformaciones tecnológicas, culturales y cognitivas que se han vivido en las últimas dos décadas. A partir de esta expresión metafórica, se condensan y estudian los alcances y posibilidades de las formas multimedia e interactivas de comunicación que revelan procesos impredecibles que favorecen las contaminaciones entre lenguajes y sistemas semióticos. Se genera, al interior del ecosistema, una explosión de nuevas formas y experiencias comunicativas que ofrecen al lector escenas menos lineales, crecientemente transmediales, en las que se incluyen más dispositivos y se inscriben nuevas prácticas de hibridación y alternancia entre contenidos y lenguajes, de consumo y de producción (Igarza, 2016).
El paradigma digital atraviesa cada vez más las actividades humanas, y el ámbito educativo se encuentra interpelado a ser un espacio de encuentro óptimo con la cultura digital en el que se generen propuestas de aprendizaje innovadoras, de apropiación crítica y creativa de las tecnologías, entendiendo estas como un complejo entramado semiótico marcado por la comunicación polifónica, la imaginación, la circulación de saberes y la producción de contenidos en el ciberespacio, donde se construyen nuevos roles y contextos que dinamizan y recrean el interior de la comunidad educativa.
La educación digital comprende el tratamiento y la promoción de prácticas pedagógicas que integren los procesos de enseñanza y aprendizaje a la sociedad del siglo XXI y fortalezcan las competencias vinculadas a esta dinámica social de la cual forma parte la tecnología (PLANIED, 2016).
La alfabetización debe ser un aprendizaje múltiple, global e integrado de las distintas formas y lenguajes de representación y de comunicación – textuales, sonoras, icónicas, audiovisuales, hipertextuales, tridimensionales- mediante el uso de las diferentes tecnologías – impresas, digitales o audiovisuales en distintos contextos y situaciones de interacción social- (Area Moreira, Gutiérrez Martín, Vidal Fernández, 2012, p. 24).
Las nuevas generaciones presentan formas disruptivas y espontáneas de relacionarse con los medios y con la cultura; Internet se ha vuelto parte indisociable de la vida cotidiana (Igarza, 2010) y la escuela no es ajena a esta revolución que traspasa silenciosamente sus límites provocando una imperiosa revisión de las prácticas pedagógicas vigentes. Esto implica pensar en la optimización de la didáctica con el propósito de movilizar al alumno desde una propuesta significativa y convocante que lo comprometa con las distintas tareas en favor del proceso de aprendizaje.
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